Por Juan Alejandro Baptista.

El acelerado ecosistema financiero moderno caracterizado por nuevos métodos de pagos digitales, tecnología financiera (Fintech), banca móvil y criptoactivos exige mucha capacidad de adaptación de quienes participan en el combate de los delitos financieros, pero… ¿están preparadas las UIFs para los desafíos que presentan las tecnologías emergentes?

Considerando que las unidades de inteligencia/información/análisis financiero (UIF) son el epicentro de las estructuras nacionales creadas para prevenir y combatir el lavado de dinero, el financiamiento del terrorismo y otros delitos, podemos asumir que, si no tienen los recursos necesarios, no serán efectivas en la mitigación de los riesgos asociados a los nuevos productos financieros.

Me consta que en los últimos años las UIFs latinoamericanas han fortalecido sus estructuras, han invertido en recursos humanos, equipos y en capacitación, pues nosotros mismos hemos participado en la formación del personal de varias unidades. Sin embargo, la letal combinación “criminales-tecnología” camina a un ritmo muy acelerado, que exige un esfuerzo mayor para poder seguirle el paso.

Este desafío es muy complicado, porque en algunos países (no solo latinos) las Unidades son vistas como entes costosos e “incómodos” y, por si fuera poco, dependen financieramente de organismos controlados por PEPs poco interesados en que realmente sean efectivas.

En Estados Unidos, la necesidad de contar con una unidad capaz de enfrentar los nuevos desafíos está siendo atendida no solo con recursos económicos, sino con los ajustes normativos necesarios. Esta semana la Cámara de Representantes (Diputados) aprobó el proyecto de “Ley de Mejora de FinCEN de 2018”, el cual modifica las funciones de la Red de Control de Crímenes Financieros para fortalecer su accionar ante las nuevas amenazas relacionadas al terrorismo, a las tecnologías emergentes y a las monedas virtuales. Si el proyecto es también aprobado por el Senado, FinCEN tendrá más facultades para combatir el terrorismo “nacional” (la norma actual habla de terrorismo internacional solamente) y podrá coordinarse internacionalmente en asuntos que involucren nuevas tecnologías.

Lo importante es no quedarse inactivo mirando como el mundo financiero avanza, como los riesgos aumentan, como los criminales aprovechan los nuevos recursos. Es fundamental preparase, aprender, entrenarse y es en este punto donde también tienen responsabilidad los trabajadores de las UIFs, desde los directores hasta los empleados con menos responsabilidades, pues todos tienen que buscar los mecanismos para evolucionar, presionando para conseguir recursos que les permitan cumplir con su misión de manera eficiente y productiva para la sociedad.

Esta es una lucha en la que todos debemos involucrarnos y procurar con los medios que tengamos en nuestras manos que las UIFs sean organismos dotados adecuadamente, que funcionen de forma independiente, que no sean manipuladas con fines políticos y que su trabajo no se pierda engavetado en oficinas de fiscalías ineficientes, por no decir corruptas.

Nuestra golpeada Latinoamérica, impotente ante tanta corrupción, crímenes e impunidad, así lo requiere… y nosotros se lo debemos.

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