La sociedad estadounidense cohabita con un recurso estratégico que es una parte fundamental del mundo empresarial y político: el “lobby” o cabildeo. Esto no es más que “gestionar con actividad y maña para ganar voluntades”, según la Real Academia Española. Las grandes corporaciones, los gremios, los partidos políticos y todo aquel que tenga intereses precisos sabe que debe tener una estrategia de cabildeo. La razón del “lobby” es muy simple: si tú no hablas por tus intereses, no esperes que los demás lo hagan por ti.

    Desde que la banca de Estados Unidos comenzó a aplicar restricciones a las cuentas de corresponsalía, a los negocios y/o a los clientes latinoamericanos, he escuchado a decenas de profesionales quejarse y sufrir las penurias operativas que se presentan cuando –con o sin razón- les restringen el acceso al sistema financiero estadounidense.  

    Entonces me pregunto… ¿por qué nadie hace “lobby” por la banca de la región? ¿Por qué los mismos banqueros latinoamericanos no vienen a USA a defender a su sector? ¿Por qué no hay una estrategia conjunta ejecutada de múltiples sectores afectados por el de-risking estadounidense? Solo algunos VP de cumplimiento y directores vienen a EE.UU. de forma espasmódica y aislada a reunirse con sus contrapartes, pero no como parte de una estrategia grupal.

    Las instituciones de la región están siendo asfixiadas y lo peor es que están inertes, a pesar de que son las más afectadas. Además, las autoridades –entiéndase ministerios de economía, bancos centrales, superintendencias de bancos, etc.- parecen no enterarse de que sus sistemas financieros están siendo afectados. El sector financiero es una pieza estratégica en cualquier política de desarrollo moderna, especialmente cuando se habla de “inclusión financiera” por todos lados. Por eso todo aquel que quiera contar con una banca saludable, debe tomar cartas en el asunto.

 La clave es explicar

    Cuando un banco de EE.UU. decide aplicar de-risking, detrás de esa decisión hay personas, no máquinas. Es vital explicarles a los “decision makers” lo que la banca seria y otros sectores regulados de la región están haciendo para mitigar los riesgos a los que ellos le temen. Al final ellos también son banqueros y quieren hacer negocios, pero por ciertos factores consideran que la decisión más conveniente es el utópico estado de “riesgo cero”.

    La banca de Latinoamérica debe planificar y ejecutar una estrategia contundente de “lobby” en USA, especialmente focalizada en la Asociación Bancaria Americana y otros gremios. Otro factor clave son los reguladores, quienes ya han expresado su rechazo al de-risking (aunque ellos coadyuvaron en su creación). Evidentemente el componente político es importante, por lo tanto se debería conversar con miembros del Congreso de Estados Unidos hasta que se encuentre el apoyo necesario. No se pueden dejar por fuera los grupos de opinión y de presión social, como universidades, centros de investigación, sindicatos, etc.

    Es mucho lo que se puede (y debe) hacer, pero lo primero es comprender es que el problema hay que atacarlo desde adentro, con estrategia, paso a paso. El “lobby” es la forma de conseguir las cosas en una sociedad como la estadounidense. La clave no es la confrontación, la renegación o una trasnochada crítica “antiyanqui”. Esto lo que haría es cerrar más puertas y reforzar la barrera cultural que impera en la relación bancaria USA-LATAM.

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